- Laura Matos
- Psicóloga en La Orotava
- julio 28, 2026
¿Cómo dejar de sobrepensar? Hay momentos en los que nuestra mente entra en bucle y no podemos dejar de darle vueltas a una misma idea o situación. Esta repetición constante suele ir asociada a emociones desagradables, como la ansiedad, la angustia o la frustración. A esta “pescadilla que se muerde la cola” los psicólogos lo llamamos “sobrepensar”y también es conocido también como “overthinking” o “rumiación” .
Se trata de un bucle difícil de detener que nos hace sentir que hemos perdido el control sobre nuestros propios pensamientos y que normalmente va asociado a algo que ya ocurrió y no podemos cambiar o cuando anticipamos con miedo e incertidumbre un evento futuro.
Aunque pueda resultar contradictorio, Nuestro cerebro lleva a cabo esta estrategia con la intención de resolver la situación. Cree que, si analiza el problema una vez más, encontrará una respuesta definitiva que le permita recuperar la sensación de control y, con ella, la calma.
Como seres humanos, tenemos la tendencia de perseguir o buscar aquello que nos genera placer y evitar dolor, la incertidumbre y la incomodidad. Por lo tanto, nuestro cerebro va a seguir esa tendencia. La rumiación tiene esa intención, encontrar una explicación o una respuesta que nos haga sentir seguros. El problema es que, en lugar de darnos tranquilidad, suele mantener el malestar y hacer que cada vez demos más vueltas al mismo tema.
Un apunte importante, es poder diferenciar la rumiación de la reflexión. Cuando hablamos de reflexionar, a diferencia de la rumiación, nos referimos a un proceso orientado a comprender una situación y encontrar una respuesta pausada y contrastada que nos ayude a avanzar. La reflexión nos ayuda a tomar decisiones, o encontrar una explicación a situaciones que vivimos, basándose en pruebas y elementos objetivos.
Entre los factores que pueden mantener o fomentar la rumiación, se encuentra la ansiedad, el perfeccionismo, la baja autoestima y el miedo a equivocarse.
La ansiedad suele estar orientada a los eventos del futuro. Su función es prepararnos ante posibles amenazas, intentando anticipar lo que podría suceder para que nos sintamos más preparados. Se suele manifestar con un “¿Y si…”? Cuantos más escenarios imaginamos, mayor sensación de control creemos tener. Además, socialmente hemos crecido escuchando frases como «piensa mal y acertarás». Este tipo de creencias alimentan la idea de que anticipar siempre el peor escenario nos protegerá del sufrimiento. Sin embargo, lo que suele ocurrir es que acabamos pasándolo mal de manera recurrente, acerca de situaciones que, en la mayoría de los casos, nunca llegan a suceder. Esto no significa vivir en la ignorancia o actuar con ingenuidad. Se trata de hacer una valoración objetiva y proporcionada de los riesgos. Cuando damos por hecho que el peor escenario es el más probable, nuestro cuerpo reacciona como si ese peligro ya estuviera ocurriendo, generando un malestar que no se corresponde con la realidad del momento presente.
Por otro lado, el perfeccionismo y el miedo a equivocarnos también favorecen este bucle de pensamientos. Esto ocurre porque sentimos que debemos actuar de la forma «correcta» o socialmente esperada. La posibilidad de equivocarnos nos hace sentir tan incómodos que intentamos anticipar todas las alternativas. Como consecuencia, tendemos a cuestionarnos constantemente si hemos tomado la decisión correcta o si podríamos haberlo hecho mejor. Este tipo de pensamientos alimentan la angustia y hacen que cada vez nos volvamos más rígidos y menos flexibles a la hora de adaptarnos a las circunstancias o aceptar que equivocarse también facilita un aprendizaje.
Es completamente normal poder darle vueltas a un tema durante un rato determinado, lo que antes llamábamos reflexión. Sin embargo, cuando notas que empiezas a perder el control sobre tus pensamientos, cuando te gustaría centrar tu atención en otra cosa y, aun así, ese pensamiento sigue apareciendo una y otra vez, y pensar en él te empieza a generar malestar o interferir en tu cotidianeidad, probablemente es una señar de que estas entrando en un proceso de rumiación.
Si, además, dentro de ese bucle no encuentras respuestas, tus pensamientos no se basan en hechos, sino en suposiciones, e intentas adivinar lo que ocurrirá en el futuro o lo que otra persona está pensando, es el momento de detenerte y cuestionar ese proceso mental.
Una buena forma de diferenciar la reflexión de la rumiación es preguntarte: «¿Estoy encontrando soluciones o solo estoy sintiéndome peor y dando más vueltas al problema?»
Para poder identificar si un pensamiento nos ayuda o nos limita, la psicología cognitiva nos propone unos criterios de racionalidad que diferencian aquellos pensamientos racionales, que nos ayudan a avanzar y ser funcionales, de los irracionales, que nos paralizan o nos generan interferencia.
Estos criterios son los siguientes:
1) Criterio de objetividad: tiene que ver con las pruebas reales que existen y sobre las que está basado el pensamiento. Si soy capaz de encontrar pruebas objetivas y tangibles, quiere decir que el pensamiento tiende a ser racional, a pesar de poder ser negativo. Si, por el contrario, no hay nada objetivo que lo sustente, solo miedos, hipótesis o suposiciones, igual estamos ante un pensamiento irracional que debemos cuestionar.
2) Criterio de utilidad: este criterio se basa en si el pensamiento nos ayuda o nos está siendo útil. Si la respuesta es sí, quiere decir que se trata de un pensamiento racional. Si, por el contrario, la respuesta es no, lo que hace es que me sienta peor y que no pueda funcionar atendiendo a mis responsabilidades y obligaciones diarias, se trata de un pensamiento irracional.
3) Criterio de la emocionalidad extrema: tiene que ver con si las emociones que evoca ese pensamiento me desbordan o son manejables. Cuando hablamos de una escala del 0 al 10, entendiendo el 10 como el desbordamiento máximo, todas aquellas emociones que se sitúen por debajo del 7 quieren decir que son emociones basadas en pensamientos racionales, con las cuales yo puedo hacer una vida normal, más allá de que sean más o menos agradables. Mientras que, si la escala supera el 7, ya estamos hablando de emociones que me empiezan a limitar, y estas suelen darse por pensamientos irracionales.
Para que tu mente vuelva a lo que está sucediendo en el momento presente, es recomendable utilizar la respiración consciente o la meditación. Estas técnicas ayudan a traer tu atención al aquí y ahora y a salir, aunque sea durante unos minutos, del bucle de pensamientos.
También puedes ponerte una música que te guste, tocar diferentes objetos o fijarte en sus texturas, contar los objetos que hay a tu alrededor o detenerte en los pequeños detalles de lo que te rodea. El objetivo no es dejar la mente en blanco, sino volver a conectar con el presente.
Además, puede ayudarte repetir un mantra como: «No pasa nada por no tenerlo todo bajo control. Confío en que sabré qué hacer cuando aquello que me preocupa suceda, si es que
Todos, en algún momento, podemos pasar una temporada dándole demasiadas vueltas a las cosas. Sin embargo, cuando el “sobrepensamiento” deja de ser algo puntual y empieza a interferir en tu vida, es recomendable buscar ayuda profesional.
Algunas señales de que la rumiación está interfiriendo en tu bienestar son:
Psicóloga Online
La buena noticia es que el sobrepensamiento se puede trabajar en terapia. El objetivo no es dejar de pensar —eso sería imposible—, sino aprender a relacionarte de una forma más sana con tus pensamientos.
Si sientes que este bucle mental está afectando a tu bienestar, estaré encantada de ayudarte. En consulta trabajaremos juntas para entender qué está manteniendo ese sobrepensamiento y aprender herramientas adaptadas a ti para gestionarlo de una forma más saludable.
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